Comisión de paz

PRIMERA CUMBRE NACIONAL DE LA IGLESIA CRISTIANA EVANGÉLICA POR LA PAZ DE COLOMBIA

PRIMERA CUMBRE NACIONAL DE LA IGLESIA CRISTIANA EVANGÉLICA POR LA PAZ DE COLOMBIA

 UN SALUDO ANIMADOR DESDE EL CONSEJO EVANGÉLICO DE COLOMBIA (CEDECOL)

 

Saludamos a nuestros compatriotas con la esperanza de nuestro Señor Jesucristo resucitado, que en medio de nuestras dificultades y sufrimientos nos dice: “No teman. Yo he vencido al mundo.”   La iglesia de Cristo es agente de esperanza, de consolación y de cambio, promotora de la justicia, la paz y el bienestar para nuestro país. Invitamos a nuestras hermanas y hermanos colombianos a buscar al Señor mientras pueda ser hallado y llamarlo mientras está cerca, pues el cambio y la paz para Colombia comienzan con la transformación de nuestras vidas.

CEDECOL, a sus 56 años de existencia, es actualmente la organización más representativa de las iglesias cristianas evangélicas en Colombia, que suman aproximadamente 8.000.  Agrupa a más del 70% de estas iglesias e instituciones, presentes en casi todas las regiones, ciudades y pueblos del país, las cuales representan aproximadamente 4 millones de colombianos y colombianas.

A través de la oración y de un trabajo silencioso desde hace muchos años, la iglesia cristiana evangélica ha vendido sembrando semillas de paz y bienestar para nuestro país, a nivel local.  Mediante la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios, millones de personas han llegado a un arrepentimiento genuino de sus malos caminos para aceptar las buenas noticias del perdón y salvación de Jesucristo y su Reino de justicia y paz Congregadas en miles de iglesias locales, buscan transformar sus vidas en comunidad, sirviendo a la sociedad en escuelas y colegios; en la recuperación de drogadictos; en ministerios juveniles: mediante la dignificación de la mujer; en la formación de liderazgo; con trabajos en salud y en otros ministerios sociales.  En menor grado, algunas comunidades cristianas han trabajado con personas en desplazamiento, en resolución de conflictos, desarrollo y organización comunitarios, educación para la paz, objeción de conciencia al requisito militar obligatorio y otros campos. Todo esto en una perspectiva evangélica de perdón, paciencia, servicio y amor al prójimo.

Si bien confesamos que a veces nos hemos aislado de la realidad en que vivimos, ausentándonos de los grandes temas y problemas que afligen nuestro país, la Iglesia de Colombia ha venido tomando conciencia, poco a poco, de la problemática social y política del país y de la importancia de ser parte de la solución.   Por esta razón, 110 representantes de diferentes denominaciones e instituciones de todo el país, nos hemos reunido en la Primera Cumbre Nacional de la Iglesia Cristiana Evangélica por la Paz de Colombia, durante los días 13-17 de febrero de 2006, en la Isla de San Andrés.

 

¿A QUÉ NOS DESAFÍA LA SITUACIÓN DE CONFLICTO INTERNO EN ESTA CUMBRE?

 

El conflicto interno que aflige a Colombia tiene una historia de ya casi 60 años.  Durante este tiempo han muerto cientos de miles de personas y el costo social ha sido incalculable. También han tenido lugar diálogos, negociaciones y desmovilizaciones, resultado de los acercamientos entre grupos armados y el gobierno, sin que se haya logrado con ello que el país alcance una paz duradera.

El alejamiento de Dios, y la consecuente pérdida de valores, se ha traducido en situaciones de injusticia, desigualdad social y económica y la expresión de la violencia en todas sus dimensiones.  Los gobernantes no han dado respuesta a estas situaciones.  Si bien la población civil ha sufrido las consecuencias de políticas y acciones de quienes ejercen el poder, también la población ha elegido a sus líderes, acogiéndose a sus propuestas, las cuales no han traído tampoco solución.

Y aunque en este momento cualquier cambio positivo pareciera llegar tardíamente para las miles de familias victimas de pérdidas irreversibles, todavía es posible vislumbrar un futuro mejor si se provee el liderazgo necesario que con decisión emprenda transformaciones de fondo en las estructuras económicas, políticas y sociales del país.

 

¿QUÉ PLANTEAMOS EN LA CUMBRE?

 

A NIVEL GENERAL:

  • Crear un espacio para que la Iglesia Cristiana Evangélica reflexione bíblica y teológicamente sobre la realidad colombiana, con el propósito de construir una propuesta para la paz con justicia social, económica y política y definir estrategias y compromisos que contribuyan a dicha tarea.

 

¿QUÉ PODEMOS IR CONSTRUYENDO JUNTOS Y JUNTAS?

 

  • La promoción de la unidad de la iglesia, especialmente en la búsqueda de la paz en Colombia.
  • El tejido de redes solidarias entre la comunidad cristiana nacional e internacional y demás organizaciones comprometidas con la resolución pacífica del conflicto colombiano.
  • El diseño de estrategias que contribuyan a la construcción de una cultura de paz que ponga fin al conflicto armado y otros tipos de  violencia  que azotan a nuestra población.
  • La sistematización de esta experiencia y reflexión para orientar la vivencia y acción de las iglesias.

 

¿HACIA DÓNDE DIRIGIR LA MIRADA DESDE LA CUMBRE? MIREMOS NUESTRO CONTEXTO Y DIVISEMOS LOS SIGUIENTES PANORAMAS.

 

  • Los diálogos, negociaciones y la desmovilización. Celebramos todo intento de diálogo entre los grupos en conflicto y el gobierno colombiano; y especialmente el abandono del uso de armas por parte de personas o grupos armados para lograr metas de paz, justicia y dignidad.  Alentamos a los grupos que están en este proceso, al ELN y a las AUC, a seguir adelante, con sinceridad y verdadero deseo de construir una paz duradera en Colombia. Por otra parte, invitamos a las FARC, a los demás grupos alzados en armas y al gobierno, a atender el clamor de la sociedad civil por un cese al conflicto armado a fin de poder trabajar juntos en la construcción de una  paz duradera que ponga fin a la violencia social que vive nuestro pueblo empobrecido y sufrido.  Consideramos como un paso inicial para el diálogo la definición de un acuerdo humanitario que permita la liberación de las personas secuestradas.   Es necesario avanzar hacia la construcción de una sociedad incluyente (con presencia de todos los actores del conflicto), democrática y participativa, sin el temor de la coacción armada.
  • El drama del desplazamiento forzado.  Esta es una de las más grandes tragedias que se vive en el país como resultado del conflicto armado, de un alto costo para los seres humanos y la sociedad, la cual ha aumentado en número durante los últimos diez años. ([1])  Pero lo más trágico es saber que no solamente hay desplazamiento por causa del conflicto, sino que se ejerce violencia contra las personas para apropiarse de sus tierras y lograr el control territorial en ciertas regiones. Es decir, algunas personas y grupos logran metas económicas a costa de millones de otras personas. Por otra parte, una vez las personas se hallan en desplazamiento, reciben el rechazo e indiferencia de la sociedad, incluyendo a veces a la misma iglesia, cuando deberían recibir la consolación y esperanza del Evangelio.  De igual manera, el Estado no ha demostrado una decisión política para atender a las necesidades de las personas en desplazamiento de forma adecuada.

 

Al reflexionar sobre esta tragedia, entendemos el desplazamiento forzado como un pecado de seres humanos contra sus prójimos. Lejos de ser la voluntad de Dios, el desplazamiento forzado es producto de la avaricia y del deseo de obtener lo ajeno,  tal como lo denuncia la Palabra de Dios en Santiago 4.1-2: “¿De donde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros?… Codiciáis y no tenéis; matáis y ardéis de envidia y no podéis alcanzar…” Sin embargo, Dios no abandona a las personas en desplazamiento sino que está presto a rescatarlas y ayudarles.  La iglesia debe ver en cada una de ellas el rostro de Jesús.

Tal situación requiere no sólo de nuestra solidaridad con las personas en condición de desplazamiento, o sea las víctimas, sino también de la acción profética eclesial de denuncia sobre las causas del desplazamiento y la negligencia gubernamental en dar respuestas a las víctimas.  Pero tal acción profética debe incluir también el anuncio de la esperanza, de las Buenas Nuevas de Dios, no siendo su aceptación  o rechazo condición alguna para recibir o no ayuda.

 

  • Un llamado al ejercicio de la Verdad, Justicia y Reparación.- Valoramos la valiosa iniciativa de establecer la Comisión de Reparación y Reconciliación, que aunque tiene un largo camino por recorrer, ha puesto en la agenda de la nación estos temas tan importantes en búsqueda de la sanidad de nuestro país. La iglesia cristiana evangélica tiene propuestas elaboradas que confiamos puedan contribuir al avance de este proceso.  La meta final de nuestro llamado y propuesta es la reconciliación entre todas las personas que conformamos el pueblo colombiano, donde haya reconocimiento de males cometidos,  reparación a las víctimas de los crímenes, y cambios en los victimarios. Concretamente, la iglesia puede aportar de manera constructiva en los temas de la verdad, la justicia, la reparación, el perdón, la reconciliación y la rehabilitación de las víctimas y los victimarios.
  • Efectos del conflicto armado sobre la sociedad y la iglesia rural. Compartimos el sufrimiento de nuestras poblaciones empobrecidas que llevan doble carga, padeciendo la angustia de la supervivencia diaria y el peso primordial del conflicto armado.  Nuestra iglesia sufre esta misma realidad, especialmente las congregaciones rurales, conformadas en su gran mayoría por personas de extracción humilde y marginada.  Hemos escuchado testimonios conmovedores del impacto del conflicto sobre comunidades eclesiales y seculares. Es importante que las congregaciones urbanas se identifiquen con este drama humano y respondamos con oraciones y acciones solidarias.
  • Análisis de políticas internacionales y sus efectos para el país. La iglesia cristiana evangélica afronta el compromiso de analizar, proponer y anunciar las consecuencias de las políticas internacionales que afectan o contribuyen a la consolidación de un contexto real de paz.  Proponemos al país y a la comunidad internacional que continúen analizando e investigando las causas estructurales de la violencia en Colombia y que aporten propuestas de solución al conflicto armado. Un análisis integral debe incluir temas como la globalización, el Tratado de Libre Comercio, el Plan Colombia, el tráfico de armas,  narcotráfico, etc., buscando el beneficio general y la justicia social y económica de nuestro país.  Exhortamos a la comunidad internacional para que vigile las políticas de sus países de modo que no alienten el conflicto armado en Colombia sino que propicien acciones a favor de la construcción de la paz.
  • Diferentes flagelos que afectan la niñez colombiana. La situación de los niños y niñas en el conflicto armado es dramática. Se calcula que unos 11.000 menores están involucrados directamente en los diferentes grupos armados, obligados a manejar armas, matar, torturar y participar en secuestros. Tanto niños como niñas son explotados sexual y laboralmente. Además de ser la mitad de las víctimas del desplazamiento forzado, también son testigos de muertes y masacres de seres queridos. Además del conflicto armado, existe otro tipo de violencia contra los niños y las niñas, fruto de la acción de pandillas juveniles, del maltrato familiar y de la explotación sexual a la que son sometidos.  Se estima que unos 35.000 a 40.000 menores están inmersos en la prostitución.  Lo anterior nos lleva a clamar por una mayor atención a esta problemática desde la iglesia y diseñar programas de protección y provisión de oportunidades para el desarrollo de este sector vulnerable de la población.

 

 ¿QUÉ VISIONAMOS DESDE LA CUMBRE PARA COLOMBIA?

 

Con toda la problemática y tristeza que embarga nuestro país, sin pecar de optimistas ni cerrar nuestros ojos a la realidad nacional, queremos anunciar una visión alternativa para nuestra amada patria.   Presentamos una propuesta cuya responsabilidad, en cuanto a su desarrollo, le corresponde a la iglesia lograr, trabajando siempre bajo la voluntad divina. Visionamos una patria…

 Donde:

  • Las armas se convierten en herramientas de producción.
  • Todos y todas viven en paz, sin temor, y se puede vivir la identidad propia respetando las identidades ajenas.
  • Creemos en la equidad y el respeto de género, de etnias, de culturas y de opciones políticas y religiosas, basados en el principio de la pluralidad.
  • Creemos en la posibilidad de la justicia social, en una justicia legal que funciona y pone fin a la impunidad, en funcionarios públicos que cumplen su papel con honestidad.
  • Creemos en el respeto y la participación plena.
  • Creemos en un sistema económico humanizante que ofrece oportunidades de vivienda e ingresos para todos y todas y los recursos de la patria son para el beneficio general, sin distinción ni discriminación.
  • Creemos en la igualdad de oportunidades, y toda persona tiene acceso a servicios de salud, educación y servicios básicos.

 

¡LA PALABRA DE DIOS NOS ILUMINA PARA LA ACCIÓN COMPROMETIDA POR LA PAZ!

 

Entendemos que la violencia que azota a Colombia es consecuencia del pecado humano, de estar alejados de Dios, de tener como dioses el dinero, el poder, el prestigio y poner la confianza en la violencia, el egoísmo y la avaricia.  Este pecado precisa del arrepentimiento individual, de cambios de mentalidad y de actuar y de volvernos al Señor, Dios grande en misericordia. Reconocemos además que el pecado se ha plasmado en nuestras instituciones colombianas, en nuestras leyes, en nuestras prácticas sociales y nacionales.

Nos damos cuenta que nuestra sociedad está construida sobre pilares de exclusión, injusticia, avaricia, impunidad, desigualdades y pobreza, que necesitan ser corregidas para que haya una paz duradera.  Estas cosas ofenden a Dios y hacemos nuestras Sus palabras a Moisés cuando en situación similar le dice: “He visto cómo sufre mi pueblo…. Los he oído quejarse por culpa de sus capataces, y sé muy bien lo que sufren.  Por eso he bajado, para salvarlos…” (Ex.3.7-8).

  • Dios es un Dios de Paz.

Al reflexionar desde la Palabra de Dios sobre la situación de violencia que padecemos y la paz que anhelamos y con el fin de orientar nuestro trabajo por la paz,  hemos entendido que “Dios es un Dios de paz;  Jesucristo es Señor de paz (Ef. 2.14, 17); su Espíritu es Espíritu de paz; su reino es reinado de paz (Rom 14.17); su evangelio es la buena nueva de paz (Efe.  6.15); sus hijos son hacedores de paz” (Mt. 5.9).  Dios quiere la paz, una paz integral, que abarca el individuo, la familia, la comunidad, la nación, el mundo y la creación.  Por lo tanto, es imperativo que nosotros como cristianos y cristianas asumamos un papel humilde pero claro y comprometido con la búsqueda de la paz en Colombia.

  • La paz se construye al lado de la justicia social.

Según la Biblia, la paz se construye a la par con la justicia social (Isa. 32.17; Stgo. 3.18).  Dice el Señor en Isa. 58.6-8: “lo que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía; en que compartas tu pan con el hambriento y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes.”   El resultado para la nación es que “Entonces brillará tu luz como el amanecer y tus heridas sanarán muy pronto.” (Isa. 58.6-8). La paz se da cuando el amor y la obediencia hacia Dios se expresa en términos de amor y solidaridad para con los pobres, los débiles y desposeídos de la sociedad.

  • Dios nos ofrece su paz cuando nos apartamos de los malos caminos.

El Señor en 2Cron. 7.14 nos invita al arrepentimiento y oración prometiendo que: “Si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre y ora y busca mi rostro y se vuelve de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra.”

  • La paz precisa de la verdad como base para iniciar un nuevo camino.

La Palabra dice que la paz se construye sobre la base de la verdad (Jn 8.32).  No puede haber paz basada en el encubrimiento y la mentira.  La verdad sobre los horrores que ha padecido nuestro pueblo colombiano se debe conocer, sus autores deben ser identificados y confrontados frente a las víctimas de sus acciones.

  • La paz exige el don de la misericordia porque El es misericordioso.

Pero la verdad no basta; también se precisa de la misericordia.  Si necesitamos conocer la verdad, no es para ejercer venganza ni revancha, sino precisamente para que pueda haber arrepentimiento, perdón y sanidad.  Necesitamos interrumpir el terrible ciclo de violencia contra violencia, pero eso no se hace enterrando la verdad, sino conociéndola, asumiéndola y perdonando.

  • En el camino hacia la paz, se hacen presentes la verdad que debe ser conocida; el arrepentimiento que mueve a la víctima al ejercicio del perdón; la restitución por parte del victimario y la misericordia  que lleva a la reconciliación para poder caminar juntos de nuevo.

Entendemos que el perdón no es barato, es costoso.  La paz tiene su precio.  A Dios le costó la vida de su Hijo.  A las víctimas les costará interrumpir el ciclo de violencia, perdonando. A la nación le costará ofrecer reparaciones materiales y, especialmente, morales para quienes han sufrido tanta pérdida en esta guerra. Al victimario le costará reconocer sus crímenes y hacer restitución lo mayormente posible. La reconciliación demanda justicia; la justicia demanda arrepentimiento; el arrepentimiento demanda restitución; la restitución demanda misericordia.

  • Jesús, Príncipe de Paz, es nuestro modelo de acciones noviolentas.

La promesa de la venida de Jesucristo el Príncipe de la Paz, está asociada con la quema y destrucción de “las botas que hacían resonar los soldados y los vestidos manchados de sangre”. (Isa. 9.5)   La paz se construye con acciones de paz.  El Señor nos pide que abandonemos nuestra confianza en el poder de las armas, y nos volquemos al servicio al prójimo, aún al enemigo, con la fuerza más poderosa del mundo: el amor y la noviolencia. En resumen, la justicia, la verdad, la misericordia, el perdón, la restauración, el amor y la  noviolencia son orientaciones bíblicas necesarias para reconstruir el tejido social, reconciliar y restaurar la comunidad colombiana (Miq. 6.8). La paz exige un cambio de vida a nivel personal para vivir los valores éticos del Reino de Dios, por el poder del Espíritu Santo, así como nos lo enseñó Jesucristo (Lc 14.25-27).

 

La invitación del Señor Jesucristo a todo el pueblo colombiano y cristiano es – una vez considerado el fracaso al cual nos llevan esos caminos equivocados en los que  andamos –  a tomar en serio su Palabra, a vivir según El nos enseña en el Sermón del Monte y a practicar la vida en comunidad de hermanos y hermanas (Hech. 2.42).

  

¡FINALMENTE! 15 LÍNEAS DE ACCIÓN PARA UN TRABAJO POR LA PAZ A NIVEL LOCAL, REGIONAL Y NACIONAL

 

Realicemos el trabajo a través de las Asociaciones de Pastores, las denominaciones, las iglesias, y los diferentes ministerios. No se trata de una camisa de fuerza sino de alternativas para involucrarnos en el  trabajo según la guía del Señor.

¡Animémonos!   “Cuán felices son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas  del bien, del que  publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina!  (Isaías 52.7)

 

1. ÁREA DE INVESTIGACION.-

  • Encuesta nacional para medir el efecto del Conflicto Armado en el pueblo cristiano 

 

2. ÁREA  DE EDUCACION

  • Enseñar en las Escuelas Dominicales sobre Convivencia y Paz
  • Promover la paz en colegios, escuelas y universidades mediante conferencias y seminarios
  • Promover principios y valores a través de la enseñanza en las clases de religión
  • Fomentar el valor de la vida, la familia y la comunidad
  • Formación de los pastores y líderes sobre temas de paz

 

3. PRODUCION DE  MATERIALES DE CONVIVENCIA

  • Para niños, jóvenes adultos, matrimonios, familias y etnias

 

4. MINISTERIO DE LA ORACION

  • Convocar  jornadas de oración a nivel nacional, regional y local
  • Establecer momentos de oración por la paz en las iglesias locales

 

5. ACCIONES DE MOVILIZACION

  • Mediante convocatorias a la iglesia local, regional y nacional en fechas especiales y en forma estratégica.

 

6. ACTOS DE PRESENCIA

  • En las negociaciones y procesos de paz
  • Mediante ejercicio de la Capellanía en Colegios, Cárceles, Hospitales, Fuerzas Armadas, etc.

 

 7. ADECUACION DE LOS TEMPLOS COMO SANTUARIOS DE CONCILIACION Y PAZ

  • Previa capacitación de pastores y lideres en el Análisis y transformación del conflicto
  • Conformación de Equipos de consejería y solución de conflictos

 

8. CELEBRACIONES ESPECIALES

  • Establecer un Día nacional de Perdón y Reconciliación
  • Día de Oración por los niños y niñas
  • Día Internacional por la paz, la noviolencia y el cese al fuego

 

9. CREAR CENTROS DE TRATAMIENTO DEL TRAUMA

  • Previa capacitación de pastores y líderes en el tratamiento del trauma en niños, jóvenes y adultos.
  • Para Tratamiento del trauma en viudas y huérfanos especialmente

 

10. PROMOVER UNA CULTURA DE PAZ

  • Dando a conocer a través de  los diferentes medios de comunicación, vallas, afiches e Internet, los principios de convivencia, perdón y paz.

 

11.  PROMOVER Y REPRODUCIR PROYECTOS/EXPERIENCIAS POR LA VIDA DIGNA Y LA PAZ

  • Asvidas
  • Pan y Paz
  • Jueces de Paz

12. REALIZAR CUMBRES ANUALES REGIONALES POR LA PAZ Y UNA CUMBRE NACIONAL CADA DOS AÑOS

 

13. CONVOCAR LOS MINISTERIOS AFINES PARA QUE COMPARTAN INFORMACION, ESTRATEGIAS E INVOLUCREN A OTRAS IGLESIAS Y MINISTERIOS

 

14. CONVOCAR A UNA MESA NACIONAL E INTERNACIONAL DE DONANTES PARA EL TRABAJO ECLESIAL POR LA PAZ

 

15. SEMINARIOS SOBRE EXIGIBILIDAD DE LOS DERECHOS FRENTE AL ESTADO E INCIDENCIA POLITICA

 

DESDE LA CUMBRE, NUESTRO LLAMADO Y COMPROMISO:

 

La paz no se alcanza solamente deponiendo las armas, sino construyendo condiciones, cultura y espiritualidad de paz. La iglesia cristiana evangélica se compromete a aportar el fundamento espiritual para establecer un terreno idóneo para la paz, la convivencia y la justicia social. 

Hacemos un llamado a las iglesias para reconocer que nuestra misión es participar en la transformación de nuestra sociedad hacia la intención de Dios; a involucrarnos en la formación de HOMBRES Y MUJERES CON UNA NUEVA CIUDADANÍA, que se conviertan en la base social para una nueva Colombia donde habite la justicia y se respeten los derechos humanos, a fin de  posibilitar una convivencia pacífica.

 ¡Nos comprometemos con Colombia y con nuestra Iglesia, con la ayuda de Dios, a construir lo temporal mientras llega lo eterno!

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